Winston Coe, el portero manco

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Termina el partido, recoges tu botellita de agua, te secas por última vez con la toalla, te despides de los postes si es que ese día jugaron a tu favor y agradeces a tu defensa los servicios prestados de haber hecho algo más que romper el fuera de juego.

Te encaminas al centro de campo a realizar esa rutina respetuosa, casi de carácter burocrático podríamos llegar a decir, que supone despedirte del equipo contrario y de una figura en particular. Esta vez sin guantes, la complicidad con aquel individuo que se situaba a más de 100 metros de distancia de ti se nota en el ambiente, una sonrisa cómplice y una palmadita en la espalda por parte del ganador.

Con nadie habías hablado durante los 90 minutos salvo por aquellos gritos a tus centrales, y esta vez llegó el momento, intercambiamos unas palabras, nos guiñamos el ojo como muestra de respeto mutuo y marchamos con nuestros respectivos equipos sin poder olvidar que, una vez más, pusimos la cara donde el resto puso los pies.

0000361934Siempre se ha dicho que para ser portero hay que estar loco. Tus acompañantes son la soledad, un trabajo específico y una responsabilidad llamada perfección. Cada fallo que cometas se compensará con recoger el balón de tus redes. Además, por si todo esto fuese poco, como premio, más a menudo de lo que desearías te colocan bajo el larguero cual fusilado fueses. Y para que no pases desapercibido te visten de otro color para crear distinción. Distinguido como Winston Coe, el portero manco.

Su peculiar historia se sitúa en Argentina, en el lejano 1906, cuando patear el balón era de británicos, aún considerado deporte amateur. El Barracas Athletic, equipo en el que Coe se desempeñaba como defensa, decidió aceptar una oferta por Laforia, único arquero del equipo. Para el siguiente encuentro ante el Estudiantes de Buenos Aires por la Argentine Football Association, y sin encontrar un reemplazo para Laforia en el marco, horas antes, Winston Coe había alzado la voz diciendo: “Si quieren les doy una mano, dos, ya saben que no puedo”. Fue tal el coraje, que al equipo no le quedó más remedio que darle una oportunidad al joven zaguero, ahora arquero.

A pesar de que Estudiantes fue el vencedor por 2-1, los espectadores se quedaron anonadados con la actuación del manco Coe. Al día siguiente, el diario La Prensa, en su crónica, publicó: “Muchísimos shots atajó el manco Coe, por lo cual se hizo célebre, pues no es poca virtud desempeñar este puesto en que precisamente se hace uso de las manos, cuando no se posee una. Su modo de parar la pelota, la seguridad y la confianza con la que procede son dignas de elogio”.

Ante la semejante actuación del improvisado arquero de origen irlandés, decidieron mantenerlo en la titular en dos partidos más. Lamentablemente, fueron dos goleadas en contra: 11 a 0 ante Reformer, uno de los equipos “fuertes” de la liga, y ante el Alumni cayeron 5 a 0 (Alumni fue el equipo que se hizo con la contratación de Laforia, el arquero originario de Barracas). La Prensa redactó: “El resultado hubiera sido catastrófico sin la presencia de Coe”.

Fueron los únicos tres encuentros de Winston Coe bajo de los tres palos, y aun habiendo encajado dieciocho goles, se le recuerda con agrado. Puso la mano, donde el resto puso las dos.

3 Comentarios
  1. Pepe dice

    Si a Zubizarreta le hubiesen cortado las dos…

  2. Manolito dice

    Algunos porteros con sus dos brazos haciendo el ridiculo y este siendo alabado, cuando uno vale no hay que mas hablar. Curioso articulo este de Coe.

  3. Manolito dice

    Curioso articulo el de Coe, muchos porteros, quizas la mayoria no seria capaces de atrapar ni un disparo. No oporto* nada mas. Aporto.

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