Europa, tan cerca y a la vez tan lejos

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La derrota de ayer de la UD Las Palmas ante el Granada, gracias al extraordinario gol de Pereira, mezcla de talento y fortuna, viene a refrendar el mal endémico que asola a los canarios en esta temporada, en la que si bien en casa es uno de los mejores equipos de la Liga Santander con 23 puntos, tan solo superado por Real Madrid (29 puntos), Sevilla FC (25 puntos) y Athletic Bilbao (23 puntos) e igualado con Atlético de Madrid, Real Sociedad y Villarreal; la cosa varía enormemente lejos de la isla, donde los de Quique Setién se convierten en uno de los peores visitantes de la categoría con 5 míseros puntos, los mismos que Málaga y Deportivo de la Coruña y tan solo 2 menos que Sporting Gijón y Granada; números que hacen prácticamente insalvables los 7 puntos que les separan de Europa tras 21 jornadas disputadas de Liga.

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Cierto es que la permisividad de Del Cerro Grande ante las continuas y machaconas faltas del Granada en el día de ayer pudieron cortar el ritmo a un equipo que hace de la posesión y de la circulación fluida del balón su razón de ser y que sin duda pudo influir en una derrota tan inesperada como dolorosa, sobre todo tras la gran ilusión generada la semana pasada con el 3-1 endosado al Valencia y la llegada de Jesé Rodríguez a la isla, a quien muchos intentaron vilipendiar en la noche de ayer tras fallar un supuesto gol cantado ante Ochoa que hubiera servido para salvar los muebles en Los Cármenes, si bien analizando en profundidad la jugada, el Bichito tiene la mala fortuna de no poder rematar con su pie, impactando el cuero en la caña de su pierna dificultando enormemente el poder controlar la trayectoria del mismo.

Excusas podemos buscar y de todos los colores, pero lo cierto es que en el fondo hay un problema de carácter en un equipo incapaz de ofrecer su mejor versión lejos del calor de su hinchada, un mal que ya se daba la temporada pasada en la que la UD era prácticamente incapaz de sumar puntos lejos de su estadio y que en la presente campaña solo suma una victoria ante el Valencia en Mestalla en la jornada inaugural, desde la cual ha sido incapaz de repetir triunfo en los 9 encuentros restantes, sumando 2 empates y 7 dolorosas derrotas, encajando la friolera de 22 goles y anotando 10, 4 de los cuales se produjeron en el choque con el conjunto che.

Soñar con Europa es un sueño que comienza a diluirse como si de humo se tratase, porque la madre de las claves para poder seguir soñando es cambiar una dinámica negativa que de seguir así mantendrá a los canarios en una tierra de nadie que puede convertir el final de temporada en un tedioso final de curso en el que unos jugadores desmotivados ante la falta de un objetivo, se limiten a cumplir con su deber cívico de saltar al campo y disputar cada partido sin emoción y sin pasión, repitiéndose la misma historia que en la recta final de la pasada temporada, lo que repercutirá en la imagen del equipo y en el espectáculo.

Ganar el próximo domingo a un exultante Sevilla en casa podría volver a enmascarar la verdadera enfermedad de una UD Las Palmas que donde debe dar realmente el do de pecho es en la Rosaleda en la siguiente jornada, ante un Málaga necesitado y que intentará repetir la gesta del Granada ante los insulares, porque de poco le sirve al equipo ser el único conjunto de la categoría junto al Real Madrid que permanece invicto en su casa, si los puntos que saca en su estadio los sigue tirando por la borda ante equipos sobre el papel, muy inferiores a los amarillos.

Está claro que en esta Liga de las Estrellas cualquier rival te puede lavar la cara en un momento determinado, pero hay partidos como el de ayer en que las excusas son solo eso, ni la alineación del mister dejando a Roque en el banquillo para dar entrada a un Montoro que se ha ganado la titularidad en los últimos compromisos del equipo, ni el fallo de Jesé en boca de gol, ni la permisividad del árbitro, ni la desafortunada lesión de Michel Macedo, pueden justificar una derrota como la de ayer, ante un equipo que en el mercado invernal se desprendía de 10 jugadores y fichaba contrarreloj a otros 6, con un entrenador obligado a hacer encaje de bolillos para poner sobre el tapete a un once de garantías para intentar ganar con la presión de tener la espada del descenso sobre sus cuellos y con un público descontento con la entidad nazarí y que al más mínimo atisbo de derrota ante los insulares hubiese cambiado los aplausos por silbidos.

El fútbol es un juego, pero no es ajedrez al fin y al cabo, la estrategia es una parte más del mismo, al igual que la mentalidad, el carisma, el esfuerzo y la constancia, que son valores inherentes a esta UD Las Palmas cuando juega ante su público, pero que se evapora cuando abandonan la isla. Quizás estemos ante un problema más mental que otra cosa, ante el que Setién poco más puede hacer y que podría necesitar un apoyo externo en forma de psicólogo deportivo que sea capaz de devolver a este equipo sus señas de identidad cuando juegan en campo ajeno.

Lo único que está claro es que el equipo tiene un problema y que ese problema no es una posibilidad, sino una realidad que en Los Cármenes se hizo carne con el golazo de Pereira y como tal se deben tomar cartas en el asunto, porque para bien o para mal, Europa sigue estando a 7 puntos, muchos o pocos, dependiendo de si queremos ver el vaso medio lleno o medio vacío y todavía queda un mundo por delante para intentar dar ese pasito hacia adelante que todos esperan en la isla.

En manos de todos está revertir esta situación y solo queda decir que hoy y siempre ¡arribad’ellos!.