El Galatasaray gana en el Palau y agranda todavía más la herida azulgrana

Imagen vía Euroliga

Los turcos consiguen su primera victoria europea fuera de casa contra un rival en plena caída libre (62-69).

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Foto Euroliga

El Barça se ha metido en un pozo que parece no tener fondo. Las derrotas europeas van cayendo una tras otra sin que nadie parezca saber qué tecla tocar. Lo que estaba en juego hoy era más que una victoria para escalar posiciones (que también: el Barça llegaba dos triunfos por debajo de las ocho primeras plazas). Quince días después de caer humillados en el Palau contra el Baskonia, cuando ya se oyeron los primeros pitos y se vieron los primeros pañuelos, y pocas horas después de saberse que el club multará a los jugadores por su bajo rendimiento, el equipo se jugaba el orgullo.

El rival parecía propicio: último de la clasificación, y el único que no se había estrenado fuera de casa. Pero parece que ya no hay equipo chico en Europa para los azulgranas, y mucho menos capacidad de reacción. Volvió la decepción, el desconcierto y, claro está, los silbidos y los pañolada de una afición que no se resigna a acostumbrase a ver perder a su equipo.  

Los primeros puntos cayeron del lado turco, pero a partir de aquí el dominio fue de los azulgranas. Con un parcial de 9 a 2. Pero el Galatasaray empezó a recortar posiciones, en medio de un desacierto anotador generalizado. El triple fue un buen termómetro de este desacierto: 0 de 6 en el caso del Barça, 0 de 8 en el caso de su rival. Además, los locales tampoco no sabían aprovechar los tiros libres, con un porcentaje inferior al 50% (3/8), más de la mitad de los cuales fallados por un errático Ante Tomic. Aún así, el Barça supo dominar el rebote, tanto ofensivo como defensivo, a pesar de todos los centímetros que puso en pista el Galatasaray. El resultado del final del primer cuarto reflejaba una ventaja local, aunque no excesiva (16-10).

Otra de las noticias que dejó este cuarto fue el debut de Xavier Munford. El norteamericano, que acabaría casi diez minutos en todo el partido, no aportaría nada significativo al equipo, y acabaría con valoración negativa.

El Barça seguía muy desacertado, sobre todo por la insistencia del triple: se ha llegado al 0/15 unos números que hacía tiempo que no se veían. El Galatasaray, por su parte, solo ha necesitado un punto más de acierto (tampoco demasiado) para intimidar a un rival que se ha encontrado siempre muy nervioso. Los turcos, últimos y ya sin posibilidad de clasificarse, jugaban con el aplomo de quien ya no tiene que perder. El primer triple del partido llegaba del lado turco, y significaba el empate a 18. La cosa no acababa aquí, y poco después se adelantaban: 20 a 24. El primer triple del Barça, de Koponen, también marcaba un punto de inflexión, el 25 a 24 y el Barça que reaccionaba. 28 a 26 al descanso, y la sensación que el Galatasaray ya empezaba a enseñar los dientes. Faltaba la dentellada, que llegaría en el último cuarto.  

En el tercer cuarto el Barça ha intentado mostrar más apoyo, distanciarse en el marcador, marcar territorio. Incluso se han acercado a los dobles dígitos, una vez superado el trauma del triple (41 a 33 después de una canasta de Rice desde los 6,75). Pero otra vez el Barça ha sucumbido al desacierto y al descontrol, víctima de su constante ansiedad y de una dinámica negativa que parece ya muy difícil de rebatir. El Galatasaray evidenciaba que no quería considerar el 0 de 9 en partidos fuera de casa como una maldición irremediable, y la canasta final de Guller sobre la bocina ponía un 50 a 45 que todo por resolver en el último cuarto.

Un último cuarto que empezaba con un parcial visitante de 0 a 5 que empataba el partido a 50 y que ha marcado en estado mental de los dos equipos. El Barça, muy nervioso, veía como Tyrus seguía siendo un estilete en ataque (19 puntos al final del partido). La solución era siempre individual, no había juego de equipo, pero tampoco nadie que quisiera tomar el mando y con capacidad de decidir. Tomic, perdido. Faverani, que parece haberse visto envuelto en la apatía general. Solo algunas ráfagas de Koponen y Vezenkof. La jugada decisiva retrató definitivamente las carencias del Barça: en los instantes ya decisivos, el Barça pierde pelota tontamente y un contraataque rival acaba en 59 a 64. Fue la gota la que colmó el vaso y que desató los silbidos y los pañuelos posteriores.

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