Rumanía: Tierra maldita, pero menos

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El Athletic Club obtiene un empate como visitante en la ida de la previa de la Europa League ante el Dinamo de Bucarest. Tras una primera parte de buen nivel, la falta de ritmo colapsó por momentos al equipo. San Mamés decidirá.

Los hombres de Ziganda volvían a un escenario de infausto recuerdo en un país de escaso rendimiento para el conjunto vasco. Un Arena Nationala con una entrada espectacular esperaba a un club que perdió en ella su última final de Europa League. Para añadir más dramatismo al envite, el Athletic Club siempre había sido derrotado en tierras rumanas, por lo que el Dinamo de Bucarest y su entrenador Cosmin Contra, conscientes de la diferencia de nivel entre ambos clubes, lo fiaban todo al ritmo superior, dado que el equipo rumano ya compite en liga, y al resultado que pudieran conseguir como local para viajar con aspiraciones para la vuelta.

El Athletic Club ha dominado la primera parte con mano de hierro, con un ritmo lento y reduciendo cualquier conato de posible error al mínimo y evitando en todo momento que el conjunto rumano le tratase de tú a tú. Prueba de ello es que el Dinamo no ha rematado entre los 3 palos ni una vez en toda la primera parte. Por su lado, los hombres de Ziganda han recuperado alguna de las señas distintivas de su tradición futbolística, como el poderío en el juego aéreo, ganando la mayoría de los duelos en dichas instancias.

El partido avanzaba como el Athletic deseaba, pero faltaba herir al rival para confirmar las buenas sensaciones. Y dicho golpe llegó desde la estrategia, dado que en el minuto 20 Beñat botaba un córner al primr palo, donde Etxeita la prolongaba hasta el segundo para ser rematado inapelablemente por Laporte. 0-1 y los fantasmas desaparecían de un plumazo. Al Dinamo ya no le servía aguantar y esperar.

Tras el gol, el orgullo llevó al Dinamo de Bucarest a buscar al Athletic hasta su área, con más corazón que precisión, durante escasamente 10 minutos en los que, más allá de un disparo desviado de Salomao, apenas inquietó a Herrerín. Después del arreón, el Athletic templó de nuevo el partido y secuestró el balón, asustando a su rival con una ocasión de Raúl García que bien pudo ser el segundo gol y desgastando al rival mientras el tiempo de descanso llegaba inexorablemente. Dado el momento de temporada en el que se encuentra el Athletic, y comparándolo con su rival con 2 jornadas de liga disputadas, las sensaciones fueron más que positivas.

La maldición siempre acecha

Cosmin Contra no dudó en mover el banquillo desde el descanso y cambiar el sistema, sacando a un segundo delantero para poder generar más peligro. Con ese propósito, Rivaldinho, hijo del mítico Rivaldo, comparecía en el campo. A su vez, el descanso dio impulso a los locales y descosió de manera inaudita al conjunto del Kuko, quienes pasaron a perder todos los choques individuales y sufrir las oleadas ofensivas de un equipo tan anárquico como voluntarioso. De esta manera, a los 10 minutos de la segunda parte y tras varias señas de escasa contundencia por parte de la zaga vasca, Ronaldinho recogió un balón a 25 metros de puerta, levantó la mirada y soltó un cañonazo ante el que Herrerín nada pudo hacer. 1-1 y el Dinamo sintiéndose capaz de superar a un Athletic al que amenazaba hacérsele larga la segunda parte.

Tras varios cambios en ambas escuadras, la entrada de Lekue por un gris Susaeta fue una bocanada de aire fresca, ante el despliegue por banda y descaro de Iñigo para atacar a su lateral y obligar al conjunto rumano a plegar velas. Sendas ocasiones de Aduriz y Muniaín pudieron desequilibrar el resultado, pero poco más pudo hacerse.

El Athletic llega con un resultado positivo para afrontar la vuelta, pero necesitará demostrar de un mayor número de recursos si no quiere complicarse la vida ante un rival que no tendrá nada que perder. Peligroso compañero de baile para la vuelta.

Alineaciones

Dinamo Bucarest

[team1]

Athletic Club

[team2]

Incidencias: Partido disputado en el Arena Nationala, con más de 3/4 de entrada. El partido ha sido dirigido por el noruego Tore Hansen, sin mayor incidencia por no haber polémicas definitorias, pero de rendimiento irregular en cuanto al criterio usado para gestionar el partido.

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