imagen vía Estadio.ec

Hace escasas fechas, el Real Madrid anunciaba una nueva lesión del galés Gareth Bale quien, por enésima vez, se ve apartado de la actividad habitual del equipo. El expreso de Cardiff, otrora una maquinaria perfectamente engrasada de gran rendimiento, descarrila con excesiva asiduidad y su concurso en el devenir del equipo se siente residual en los últimos tiempos.

Con la última rotura fibrilar sufrida, suma 24 lesiones de distinta índole desde que aterrizó en Madrid en 2013. A pesar de ello, ha estado presente y ha sido protagonista en la consecución de varios títulos en los últimos años, como la Copa del Rey en la que dobló a un tierno Bartra para resolver el partido o el gol en la prórroga de Lisboa que adelantó al conjunto blanco ante un Atlético que llegó fundido a dicho periodo y fue masacrado sin piedad. Para su desgracia, sus sempiternos problemas físicos le privaron de poder jugar la última final de Champions en su propia ciudad, Cardiff, negándole una oportunidad histórica.

Su historia en Madrid no entiende de grises. En un lado de la balanza, los títulos conseguidos y la eclosión de la BBC. En su debe, 79 partidos oficiales (y sumando) sin poder saltar al césped y un precio que hace que la proporción de minutos jugados por la inversión realizada en el jugador sea disparatada. A su vez, la tendencia a lesionarse a aumentado en las últimas temporadas, lo cual es un problema cuando sin duda es uno de los jugadores franquicia del proyecto de Florentino Pérez.

Gareth se marca el Mundial de Clubes como siguiente fecha para poder competir, justo a menos de una semana de otra edición del derbi ante el FC Barcelona, pero nadie pone la mano en el fuego. No es para nada absurdo pensar en que, a día de hoy, es incluso más importante recuperar al jugador desde la parte mental antes que físicamente, porque para un futbolista tan dependiente del físico como Bale para desarrollar su juego, la desconfianza ante su fragilidad está más que presente y le afecta.

En los últimos periodos de fichajes siempre ha habido cantos de sirena de la Premier, nunca confirmados por ninguna de las partes. La realidad es que tanto para Gareth como para el Real Madrid el futuro presenta muchas dudas sobre su relación, dado que, a corto plazo, puede ser la última oportunidad para que, a nivel económico, la inversión realizada en el jugador británico no sea ruinosa. Podemos estar viviendo los últimos meses del expreso de Cardiff vestido de blanco… si es que se recupera y puede volver a saltar el césped, visto lo visto.

Ahora, aun y con el público señalándole en no pocas ocasiones, es cuando más cariño necesita para volver, porque si no se le trata con cuidado, es muy probable que se rompa de nuevo. Handle with care, Gareth.

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