El modelo Lezama, ¿Fe o autoengaño?

Imagen vía aupaathletic
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El Athletic Club es una entidad peculiar que no siempre es lo suficientemente comprendida fuera de su entorno. En un fútbol globalizado, que un club decida cerrarse voluntariamente en su región para seguir compitiendo despierta todo tipo de reacciones, desde simpatías a, los más suspicaces y malintencionados, desprecio. La filosofía del Athletic es tan respetable como interpretable por parte de quien se enfrenta a ella.

El Athletic Club como tal no arrancó con una línea tan definida, dado que en sus orígenes si que era común que jugadores británicos, entre otros, formaran parte de sus plantillas. Eran otros tiempos, el fútbol apenas era un experimento traído por los ingleses a un país que a duras penas lo conocía y era imposible organizar partidos en los que solo jugasen españoles.

No muchos años más tarde, cuando ya existía la competición oficial, hubo oponentes que “sugirieron” que no podían igualar el nivel del Athletic si seguían jugando extranjeros. En ese punto, el club tomó una decisión radical que marcaría el futuro del club: Sólo los jugadores de la región defenderían al Athletic.

El órdago del Athletic con el fútbol continuó firme, pero moldeándose a los tiempos. Ya no sólo podrían jugar vascos en el club; podrían jugar en el Athletic aquellos que, durante sus años de formación, hubieran desarrollado su actividad en Euskadi. En este punto, las interpretaciones hicieron que ambos preceptos fueran, dependiendo de la directiva en liza, más o menos laxos.

Hay que entender que hay un factor político presente: Mientras en España se considera al País Vasco como una comunidad autónoma de tres provincias, el concepto político de la nación vasca abarca más territorios, incluyendo Navarra y regiones del sur Francia. Sin esta interpretación, jugadores como el internacional francés Bixente Lizarazu jamás hubiera formado parte de los leones.

Por otro lado, el proceso de formación también ha permitido, dependiendo de los escrúpulos de los mandamases, interpretaciones muy “sui generis” de quienes podían formar parte de la cantera. Casos como la llegada del Maliense Youssouf Diarra a la cantera de Lezama el pasado verano, con 18 años y un encaje de bolillos por su pasado en categorías inferiores en Navarra.

Los renglones de la filosofía se difuminan en situaciones como la previamente mencionada pero, a pesar de que siempre haya quien use casos puntuales como el citado para dudar de la “filosofía Athletic”, no dejan de ser lo dicho: Casos puntuales en una trayectoria que no deja lugar a la duda sobre la validez del proyecto. El Athletic ha sobrevivido más de un siglo de esta forma, y no cambiará ahora.

El modelo de cantera del Athletic, se quiera o no, ofrece algo que prácticamente ningún otro club puede ofrecer a los jóvenes de su región: Ser conscientes de que jugar en el club es viable. Es por ello que el vínculo de club y ciudad es tan grande, porque por encima de algún posible fichaje que se pueda realizar, no hay mayor orgullo para la parroquia que ver a otro de esos niños que jugaban en Lezama durante años debutar en San Mamés.

La cercanía es clave, porque ese niño puede que no lo conozcas, o puede ser el niño que juega a la pelota al lado de tu casa o incluso un familiar tuyo. El club se regenera con una capacidad innata, toda vez que, en un campo de acción relativamente reducido, siguen surgiendo nuevos jugadores.

Para ello, tener a los mejores especialistas y formadores es primordial, porque donde un jugador aprende es en su ciclo formativo y como mejor cualificados sean sus formadores, mayor puede ser su preparación y formación.

A su vez, un club tan tradicional como el Athletic no es ajeno a la globalización que vive su entorno. Muchos inmigrantes llegan, se asientan y consolidan un proyecto de vida en la región y los hijos de los mismos también entran en la filosofía.

Casos como el de Ramalho, hijo de Angoleño y española, o Iñaki Williams, bilbaíno hijo de liberianos, son los primeros de una realidad que, lejos de resultar chocante dentro de la familia Athletic, se ha aceptado con la naturalidad propia que el caso merece. El tiempo dirá, pero hay varios casos más actualmente en la cantera, como son el hermano de Iñaki, Nico Williams, o el portero Atangana, quienes aspiran, como todos los chavales, a defender los colores del Athletic.

Probablemente si algo pudiera ampliar un campo de acción tan acotado como el actual es el athleticzale de corazón que no cumple con las condiciones previas. El Athletic ha conseguido, con su filosofía, el respeto y el cariño de mucha gente que no podrá ver nunca a los suyos vistiendo la rojiblanca, pero es el precio por no abrir las puertas a que puedan entrar elementos cuyo único interés sea usar al club como trampolín, cuando el Athletic no es una estación más, es un privilegio.

Como dijo en su día Clemente, el Athletic eligió ser David mientras el resto quiso ser Goliath. Su fuerza es su fe en un modelo que, en contadas ocasiones, ha tenido sus ciertas dosis de autoengaño, pero no hay mayor realidad que el hecho de que el Athletic es único y lo ha conseguido creyendo con fe ciega en su gente, en sus chavales y en su pueblo. Vencer menos para ganar más. Ese es nuestro Athletic. Y que dure.

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