No parece un comportamiento muy adulto el de un hombre que confiesa que le gusta pasear por la parrilla previa a la salida con su cuaderno de notas en la mano, acercándose a un vehículo rival en la zona que no le interesa para que el correspondiente movimiento de los mecánicos con la intención de impedírselo, le deje ver la parte que sí merece su atención. Pero se puede perdonar porque se trata de Adrian Newey, el Mago de Milton Keynes, hoy por hoy la mente más prodigiosa de la Fórmula 1.

Podríamos incluso ir más lejos, y afirmar que tenemos la obligación de perdonarle ésta y otras chiquilladas porque estamos ante una persona ciertamente especial que sigue ideando sus proyectos con lápiz y papel sobre un tablero de dibujo, bajo el paraguas de una intimidad en la que el artista se las ve a solas con sus ideas, sin la interferencia de lo que los creadores de software consideran que se puede dibujar o no.

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Adrian es un personaje al que, siendo sinceros, le debemos un elevadísimo porcentaje de lo que es la actividad en estos precisos momentos en cuanto a diseño se refiere. Él vio antes que nadie las enormes posibilidades que brindaba un alerón delantero flexible, y consiguió su propósito acercándolo al suelo desde la punta de la nariz del coche…

A partir de aquel instante (2009), con el papel protagonista que poco a poco fueron adquiriendo el calor bajo el fondo plano y la configuración variable del rake, la Fórmula 1 ha estado en sus manos, y sólo la poca fiabilidad de las unidades de potencia Renault ha impedido que su sueño se haya prolongado más allá de 2013.

Newey se llevó mal con el anterior cambio de normativa (2014) y desde un primer momento expuso sus numerosas dudas al respecto. Necesitaba más peso mínimo y no le gustaban ni los límites de consumo al propulsor ni los morros inclinados hacia abajo, por ejemplo, y aquello derivó en que por falta de alicientes se alejara un poco del diseño de monoplazas para flirtear con el de los trimaranes de La Copa del América o para invertir su precioso tiempo en la creación del fabuloso Aston Martin RB Valkirye.

No obstante, atendió la llamada cuando fue requerido para definir durante 2016 el reglamento 2017 con intención de dar más importancia a la aerodinamica en detrimento de la mecánica y tratar así de contener a Mercedes AMG.

En sentido estricto, el paquete de normas estrenado esta temporada es casi un made in Newey en toda regla, como así lo dejó entrever Pat Symonds al agradecerle públicamente su contribución. La cosa pintaba realmente bien para Milton Keynes, no obstante, la fragilidad de las unidades de potencia Renault —Red Bull utiliza las UP galas bajo la denominación TAG Heuer— ha vuelto a echar por tierra las aspiraciones del equipo austriaco con sede en Inglaterra.

El RB13 ha sido un gran coche al que le ha faltado tiempo de cocción y le han sobrado problemas. El vehículo F1 es un conjunto en el que todo tiene que estar perfectamente engranado para que funcione a la perfección. Sin un motor solvente (y fiable), la creación de Adrian para esta pasada campaña se ha quedado a medio camino aunque ello haya bastado para certificar que, a día de hoy, Red Bull es la tercera fuerza de la parrilla.

Pero para 2018 las cosas pueden cambiar radicalmente. Continuaremos en el actual marco reglamentario (made in Newey), pero Renault promete haber resuelto sus debilidades y en el RB14, tal vez, sólo tal vez, comprendamos a qué zonas de diseño ha llevado Adrian a sus rivales, y cuáles son las que ya tiene en la cabeza y pretende explorar sin estorbos.

Va a estar bonita la próxima chiquillada del Mago.

Os leo.

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