La Ferrari de don Sergio

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Si todo este lío de las amenazas de salida de Ferrari de la Fórmula 1 hubiese tenido como protagonista principal a Luca Cordero di Montezemolo —hasta finales de 2014 presidente de la mítica—, sin lugar a dudas habría apostado porque la cosa iba de farol. Sin embargo, con Sergio Marchionne a los mandos de La Scuderia no soy capaz de decir ni que sí ni que no.

Lo que sí tengo meridianamente claro es que la de Maranello puede sobrevivir perfectamente sin tener presencia en nuestro deporte, mientras que a la Fórmula 1 le supondría un enorme roto en el casco perder uno de sus principales atractivos y que, en este sentido, Liberty Media seguramente está considerando seriamente las graves palabras del de Chieti.

Con esto de la presencia de Ferrari en F1 hay mucho barullo y demasiada leyenda urbana.

(c)Reuters

No se trata sólo de si cobra más que el resto de escuderías a final de año —que evidentemente lo hace—, o de si el actual reparto económico necesita de un retoque urgente que permita a los equipos pequeños sobrevivir con capacidad para invertir de nuevo en la actividad, porque lo cierto es que de una u otra manera, el grueso del pastel no sólo se lo lleva la italiana, más bien se lo llevan otros equipos con renombre, por derechos históricos o en base a la razón que sea, que además participan en diferentes proyectos FIA en los que la de Módena ha cedido gentilmente su sitio porque lo suyo es la Fórmula 1, sólo la Fórmula 1…

Esto de «sólo la Fórmula 1» tiene su miga, ya que la de Il Cavallino era mucho más que nuestras carreras de cada fin de semana alterno, más o menos, hasta que Montezemolo decidió centrar los esfuerzos de Maranello en un deporte que andaba muy tocado tras la crisis económica de 1994, a la que siguió la caída de los gigantes asiáticos que se inició en 1997, cuando casi quiebra del FMI (International Monetary Fund).

(c)Universal Pictures

No, no es ninguna casualidad que la renovación del Pacto de la Concordia de 1981 se ratifique a partir de 1998, ni mucho menos que Ferrari se eche el deporte a sus espaldas para liderar la huída hacia adelante que protagoniza nuestro deporte buscando nuevos mercados con la ayuda de la tabacalera Philip Morris, patrocinador principal de la de Maranello a partir de la muerte de Enzo Ferrari en 1988…

Ya decía antes que no es cuestión de valorar si es justo, o no, el actual reparto de dinero. Personalmente opino que necesita de más de un retoque, pero lo que no le podemos exigir a la italiana es que además de haber ayudado a salvar el negocio para beneficio de todos sus participantes, centrándose «sólo en la Fórmula 1», renuncie ahora a su estatus así como así.

Ferrari era Mille Miglia, Targa Florio, resistencia, Le Mans, hasta que Luca Cordero di Montezemolo decidió supedirtarlo todo al negocio de la Fórmula 1, eso sí, arrogando para la de Módena un mayor beneficio que a sus rivales y el botón mágico del veto, que siendo sinceros, no se ha utilizado nunca de 1998 a esta parte de la historia, siempre y cuando no me fallen las cuentas, que no creo.

La leyenda de Ferrari habita en la Fórmula 1 moderna, tanto es así que con el transcurso de los años, ambas se han convertido en sinónimos una de otra.

Gestas como la respuesta italiana en Daytona (1967) al triunfo de Ford en Le Mans (1966), hacen deporte y son sustantivas de lo que puso Maranello a la hora de apostar exclusivamente por nuestro deporte. No voy a entrar en si es justo o no el actual reparto de pasta, pero reitero: la Fórmula 1 no puede permitirse dar la espalda a todo esto.

(c) Daytona International Speedway

Liberty Media busca nuevos proyectos que participen en la actividad, pero sin Ferrari lo va a terner muy crudo.

El mejor gancho es la italiana. A la de Marnello la conocen en los lugares más recónditos del globo, y allí la asimilan inmediatamente a la máxima expresión del deporte de las cuatro ruedas así lleve tres décadas sin comerse un colín. Mercedes-Benz son camiones, Red Bull son latas de bebedizo energético… Ferrari es competición, es Fórmula 1 precisamente porque renunció a ser otra cosa.

Además, ¿a quién le interesa participar en un desafío en el que el premio no consista en derrotar a la mítica rossa…?

decía al comienzo que con Montezemolo lo tendría claro, pero con Marchionne, con su Ferrari, no sé si nos hará falta poner algunas velas para que la cosa no se tuerza y lleguemos a un acuerdo cuanto antes.

Os leo.

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