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Un contraste con lo que venía ofreciendo el equipo, sobre todo en aquellos intangibles que nada tienen que ver con el buen fútbol, pero sí con la competitividad: garra, presión, intensidad, actitud, empaque, concentración… cualidades de las cuales careció en demasía el conjunto local. Todo eso sumado a que enfrente había un rival potente de nuestra Liga, un Villarreal que si bien se ha mostrado irregular durante gran parte de la campaña, ocupa plazas europeas. Les bastó con aprovechar un zapatazo de Bacca que acarició el larguero tras un gran pase al espacio de la espalda de Aguirregaray y un penalti con expulsión de Gálvez cuando ya agonizaba el choque, que transformó Sansone. Pero no fueron las únicas ocasiones que disfrutó el ‘submarino amarillo’, pues las más claras se sucedieron justo después del primer gol, y que con superioridad numérica en las contras no supieron aprovechar ante un cuadro local que se partía con facilidad.

Sin embargo, en el primer parcial tuvo mayor peso la UD, disfrutando de sus mejores ocasiones en las botas de Calleri y Halilovic (errático en los centros hoy), que Asenjo consiguió desviar por alto en sendas ocasiones. Poco más serio generó el cuadro insular este domingo. Si bien los de Jémez no conseguían generar ocasiones de peligro, sí llegaron a estabilizar el partido en los primeros cuarenta y cinco minutos.

A la vuelta de los vestuarios, en un alarde de valentía y con tinte experimental, Paco Jémez efectuó dos cambios: Momo por Expósito y Benito por Etebo. Sin duda le fueron a la contra estas modificaciones. No aportaron nada rescatable tanto en ataque como en defensa, perdiendo en contención defensiva y en presencia ofensiva con la salida de Érik. La urgencia de encontrarse en puestos de descenso jugó a favor del conjunto castellonense, decantando la balanza de su lado con las innumerables contras que dispusieron, cediendo terreno a una UD instalada la mayor parte del tiempo en campo rival, pero que apenas incomodó.

Sólo con la calidad parece que no le llega a este equipo para sacar resultados positivos como sí ocurría hace no tanto tiempo con Quique Setién. Y es que no es casual que Jémez solamente haya logrado 9 de 33 puntos con este plantel, siendo el peor antepenúltimo de la historia de la Primera División a estas alturas con 20 puntos. A 4 de la salvación, y con la inminente visita a Riazor que dictará sentencia sobre las aspiraciones amarillas a la permanencia. A la espera de alcanzar unos números que parecen una quimera… el milagro sigue siendo eso, un milagro.

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