Foto: Daily Herald

Luces, cámara y drama. La salida de Magic Johnson de los Lakers se convirtió en la madrugada del martes en la traca final de una temporada para olvidar en Los Ángeles. El directivo dimitió y, sin quererlo, se señaló a sí mismo como uno de los principales responsables de lo sucedido esta temporada, donde logró firmar a la gallina de los huevos de oro en el mercado de agentes libres sin poder rodearlo de los compañeros adecuados para, por lo menos, estar en los Playoff por primera vez en 6 años.

Más allá de la llegada de LeBron James, el hasta ayer presidente de la franquicia angelina equivocó el camino hacia el éxito. Construyó una plantilla sin apenas tiradores dando más importancia a los generadores cuando el resto de la liga iba en la dirección contraria. Y aún así hasta cierto punto el equipo llegó a funcionar, aunque al final se acabó cayendo entre lesiones importantes que rompieron unos esquemas que no eran sólidos.

Sin embargo, el mayor error de Magic en este tiempo fue la negociación por Anthony Davis. Los Lakers se desnudaron ante la NBA, ante los Pelicans y dieron muestras de desesperación. Pusieron en bandeja a todo su núcleo joven, tuvieron prisas a la hora de cerrar la operación y acabaron por dinamitar un vestuario en el que el recelo a ser moneda de cambio era un sarpullido contagioso. Además, durante ese tiempo el ambiente fue irrespirable y ganar un partido se convirtió en una hazaña hercúlea.

Fue realmente vergonzoso cómo se retransmitió la negociación a los medios con filtraciones constantes para finalmente quedar en evidencia. De hecho, en New Orleans estaban en su derecho de decir no a la oferta, algo que Johnson malinterpretó alegando “mala fe” en la manera de actuar de la franquicia de Louisiana.

Al final el resultado ha sido un curso más sin pisar los Playoff y la sensación de haber dejado pasar la oportunidad de construir en torno tanto a LeBron como a los jóvenes que estaban a su disposición. La paciencia para esperar a la agencia libre de este 2019 no existió y el laboratorio que eran los Lakers terminó estallando por querer correr. Magic paga ahora los platos rotos, obligando a Los Ángeles a volver a empezar, pero al menos ya saben lo que no tienen que hacer y, sobre todo, siguen teniendo a James.

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