Foto: @warriors
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Hace unos días, con la victoria de Golden State sobre los Houston Rockets sin ‘KD’ en pista, un tal LeBron James se quiso acordar del equipo vencedor con un claro mensaje: “Nunca subestimes el poder de un campeón”.

En el deporte la memoria es muy corta. Corta y selectiva. Y en muchas ocasiones tiende a castigar con un gran poder aglutinador a aquellas glorias pasadas “tambaleantes” en el presente desprestigiándolas de todo poder y anulando su maravillosa voluntad. A veces hay que hundirse, caer a lo más profundo del barro y mancharte de tobillos a cuello para sacar a relucir tu corazón y tu fuerza interior. Porque todo el mundo daba por favoritos a los Warriors gracias a una plantilla muy apuntalada con la llegada de Cousins y que seguía contando don Durant un año más, dando (parece) menos importancia a los constructores del mayor proyecto baloncestístico de los últimos años: Klay Thompson, Draymond Green, Andre Iguodala y Stephen Curry.

Pero ay amigo, las cosas no tiene por qué salir siempre bien, normalmente el camino recto se volverá curvilíneo y te obligará a hacer diferentes maniobras para que no te salgas de él. Pero eso no debe ser una desgracia o una fatalidad, al contrario, es una oportunidad, una manera que tiene la vida de retarte a ser mejor y a superarte a ti mismo.

Al final del quinto partido entre Warriors y Houston, Durant se lesionaba en un tiro en suspensión y todas las alarmas se encendían y la voz de muchos era muy clara: se acabaron los Warriors.

Y hay que admitir que razón no les faltaba, se les iba el hombre que más puntos estaba promediando por partido en estos Playoffs y el MVP de las dos últimas finales conquistadas por los de La Bahía. Era la crónica de una muerte anunciada, la caída del gran imperio de Oakland, el momento para que James Harden y los suyos dejasen al equipo campeón en la cuneta y asaltasen el trono.

Pero volvemos al titular, nunca puedes subestimar a un campeón. Porque esto no va solo de Durant o Cousins, va de una dinastía cimentada desde la llegada en el verano de 2009 de un tal Stephen Curry, un tirador “enclenque” que no convencía a la NBA y que con el paso de los años ha demostrado ser uno de los mejores bases de la historia y, seguramente, el mejor tirador que hayamos visto jamás.

Muy duramente criticado en esta parte de la temporada por sus horribles porcentajes y sus fallos de ‘parbulitos’, la lesión de Durant hizo que los focos apuntasen totalmente a él y sintiese una especie de dejá vù del 2015/2016, aquel año de hipnóticos conjuros y malabares cartesianos que embelesaban a toda la NBA hasta preguntarnos si de verdad venía de otro planeta. Al fatal Curry que empezó la serie contra Houston hemos pasado al Steph que ganó ese quinto partido, desequilibró en Texas para dar la serie a los suyos y en estos dos primeros partidos de la final de conferencia ha logrado 36 y 37 puntos respectivamente para demostrar que este es su equipo, su pabellón y su legado. Sin temblores, sin fallos, tirando como antaño de un equipo abusador y temible que avanza sin temor esperando el siguiente contrincante.

Este noche Portland ha tenido el 1-1 en la palma de la mano, hasta que otra palma ha aparecido. El que entendió, entendió, pero por si acaso…: en la última posesión del partido el balón era de os visitantes y Warriors iba tres arriba, Lillard tenía el esférico, pero una ‘manotazo’ al balón de Iguodala le robó la cartera con apenas 4 segundos por jugarse, a posteriori vino el balón al aire de Curry para que el balón cayese ya con 0 segundos por jugarse y Golden State se apuntase un nuevo triunfo.

Foto: The Spokesman-Review
Foto: The Spokesman-Review

Porque puedes tener a un francotirador como Steph, pero sin Iguodala no puedes ganar, es ese apuntador silencioso que con el paso de la temporada va mejorando sus prestaciones hasta convertirse en un arma más, en el perfecto cierre del círculo para los Warriors, el hombre clave por excelencia sin necesidad de medallas ni halagos. Es su equipo, su dinastía, y no se entienden por separado. Porque los Warriors son Iguodala e Iguodala es los Warriors.

“Estas cabron… son una locura”, dijo el propio Iguodala sobre sus manos camino al túnel tras esa acción decisiva. Todo dicho.

Foto: @warriors
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Pero en todo equipo que se precie necesitas a un “chulito” que se atreva a hacer de todo, que no le de miedo meter la cara en sitios donde a otros les da miedo meter el dedo meñique del pie, un tío de combate y mazo en mano preparado para batirse en duelo contra quien sea, un líder en lo físico y mental, y aquí aparece el “musculitos”, Don Draymond. Otro gran partido esta noche en ambas pinturas y haciendo los dos puntos que sentenciaron el partido le sirven para demostrarse a sí mismo, una vez más, que la fuerza de voluntad de su corazón puede ganar a su locura interna. A veces diablo y a veces peor (con Draymond no hay bondades), odiado en este mundo y solamente idolatrado y venerado por los suyos, es el perfecto sufridor y sostenedor de un equipo campeón que tiene en él una gran parte de espíritu campeón y peleón. Un bestia en ambos radios de acción, el hombre que recibe todos los odios y a la vez los reconocimientos del que sabe leer mucho más allá de los números y las estadísticas.

Hablando de números y estadísticas, mucho hay que alabar a Steph por este paso adelante sin Durant, pero no ha estado solo. En realidad, nunca lo ha estado, porque la otra parte de los Splash Brothers nunca le ha dejado. En esto de aportar y no buscar protagonismo, no hay otro como Klay Thompson.

Seguramente hablamos del tipo en la historia que menos necesita tener el balón en sus manos para hacer más puntos, Thompson siempre está ahí, no se borra ni se desvanece. Como diría Thanos, “es inevitable”.

Klay es ese estudiante callado, tímido que saca siempre buenas notas y en las fiestas la cosa se le va de las manos, como se diría en el argot “la lía”, pero en ambas ocasiones siempre lo quieres tener a tu lado, porque puede tanto salvarte un examen como animarte la noche él solo. Nacido para crear espectáculo, es la mira que los otros 29 equipos querían tener, pero solo uno la puede presumir.

Foto: @warriors
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Encargado de algunas de las noches más históricas de la historia de la NBA, Klay deberá seguir en este papel de ejecutor para ayudar a los suyos a conseguir una proeza solo al alcance de los tocados por una varita mágica, pero lo que está claro es que por fuerza del corazón no va a ser.

Antes de criticar es mejor guardar y esperar, porque nunca sabes por dónde te va a salir un equipo campeón, pero lo que está claro es que no lo puedes criticar, porque es experto en callar bocas. Y digas lo que digas de él lo seguirá haciendo, porque no debes nunca subestimar el poder de un equipo campeón.

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