Arrancaba en San Mamés una nueva temporada con un choque clásico del fútbol español entre los leones y el FC Barcelona en plenas fiestas patronales de la ciudad del norte. Quizás el último para un histórico del Athletic que confirmaba que ésta iba a ser su última temporada. No era un partido más. Nunca es un partido más para Aritz.

Lo empezó en el banquillo, algo ya habitual durante la pasada temporada entre las lesiones que sufría y la evolución de un Iñaki Williams que se consolidaba como el killer titular del club del botxo. Para Aduriz no era nuevo y la paciencia siempre ha estado de su lado.

A su vez, desde el banquillo, veía una nueva vuelta de tuerca de Garitano, quien apostó decididamente por Unai Simón en portería (decisivo para mantener el empate con dos excelentes paradas que invitan a confiar en él como el portero para un nuevo ciclo). De la misma forma, un Unai López casi inédito la pasada campaña partía de titular y mostraba ese punto de serenidad que necesitaba para creerse importante en el equipo, ejerciendo de metrónomo, con detalles por pulir, pero presentando su candidatura a ocupar una plaza que en los últimos años llevaba grabada el nombre de Beñat o San José.

Tras una primera parte en que el Athletic puso contra las cuerdas al campeón, los primeros 15 minutos de la segunda parte fue un sufrimiento indecible, con un Barça dominador en el centro del campo mientras el pistón físico se resentía. Aritz, como un aficionado más, sufría en el banquillo, pero esbozaba una sonrisa como todos los parroquianos cuando Garitano, en su primer cambio, daba la alternativa a un chavalín al que todos deseaban ver en el césped. Debutaba Oihan Sancet a sus 19 años, por delante de la vieja guardia y con un futuro enormemente prometedor por delante.

El Athletic volvía a igualar la contienda y el FC Barcelona ya no generaba ocasiones en un partido especialmente gris por parte de prácticamente todos sus jugadores. El partido languidecía y Garitano decidía dar descanso a Williams en el minuto 85 para dar entrada al zorro, en su primer partido tras anunciar el final de su carrera.

Y si mientras calentaba en la banda el estadio le vitoreaba y al entrar la ovación fue tremenda, lo que iba a provocar con el primer balón que iba a tocar no estaba en los escritos. Porque sí, eran 5 minutos, pero Aritz Aduriz no piensa perder ni un segundo de los que le puedan quedar hasta su despedida.

En el minuto 88, tras una pared, Capa lanzaba un centro al área y el tiempo se paró por unos segundos mientras un hombre de 38 años despegaba cual ave fénix para impactar el balón de tijera y anotar el gol que derrotaba al campeón en el inicio de liga, ante el delirio de la Catedral y la resignación culé. No era un gol más. Era el gol de un asesino del área que, tras un año aciago en cuanto a las lesiones, ni siquiera sabía si volvería a sentir  ese subidón de adrenalina, si volvería a vivir una de esas noches mágicas.

La vivió. Y con él todos nosotros. Supo buscar su oportunidad y no la falló. El sueño de muchos se personifica en él y puede que su fecha de retirada esté marcada, pero este zorro aún dará alegrías. Porque la experiencia es un grado y sabe más el zorro por viejo…

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