De niño a hombre

Foto: FIBA
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Nada es fácil. Nada es de hoy para mañana. Todo tiene un precio, un comienzo y un final. Para Ricky Rubio el proceso de reconstrucción ha sido un camino largo, tedioso y con varios momentos donde lo que hacía no parecía tener sentido alguno. A nadie se le escapa que ahora, como campeón del mundo y MVP, la vida del base del Masnou ha dado un vuelco importante, pero detrás de eso hay mucho más, es sólo la punta del iceberg.

Tras mucho tiempo el playmaker ha demostrado tanto a sus detractores como a sus seguidores que nunca se fue ni se perdió, sino que su proceso fue por otro camino. Ricky trabajó en la sombra durante numerosas horas para moldear cuerpo y mente para vivir una metamorfosis que ha alcanzado su plenitud coincidiendo con su madurez deportiva, aunque en ese tiempo la vida le fue tirando piedras que tuvo que sortear muy rápido.

Las críticas a su juego, las lesiones, la muerte de su madre… En plena ebullición el crecimiento de Rubio se vio truncado en ocasiones. Eso no le detuvo en su idea de seguir adelante, siempre lo ha hecho, con más o menos fuerza, con más o menos motivos. Sin embargo, sí que le obligó a endurecer su mentalidad, a valorar otras cosas y a sentir que algún día llegaría el momento de dejar claro que la espera merecería totalmente la pena.

Con las bajas que sufrió la Selección Española tanto por lesión como por renuncias así como por las distintas retiradas de vacas sagradas, este era el torneo en el que Ricky tenía que dar ese pasito adelante. Y vaya que si lo dio. No sólo fue el líder de los de Scariolo en la pista, sino que además lo fue en espíritu porque sabía que su momento había llegado y no lo quiso dejar escapar, dominando la pista como estaba predestinado.

En China, el ‘9’ de España dejó atrás a aquel niño prodigio que debutó con 14 años y terminó de convertirse en un hombre curtido por sus vivencias. Rubio es producto de lo que la vida le ha dado y de lo que él mismo ha sabido interpretar, asumiendo cada obstáculo como un reto más en el que siempre tuvo a alguien empujándole desde arriba y apoyándole en cada uno de los pasos, fuesen buenos, regulares o simplemente malos.

Disfrutar del proceso forma parte de la vida. El fallar y el caerse son circunstancias que marcan el día a día de cualquiera, incluyendo en ello tanto el empeño como el esfuerzo dedicado a cumplir cada meta. En ese aspecto, Ricky Rubio es un ejemplo insuperable y un ejemplo para el baloncesto, pero sobre todo un ejemplo para la vida.

 

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