Imagen de Rocasa Gran Canaria

Las grancanarias afrontaban el primer título oficial de la temporada ante su gran bestia negra, un Super Amara Bera Bera que se las había ingeniado no solo para derrotar a las pupilas de Carlos Herrera en sus tres últimos choques directos la pasada temporada, sino además en sus anteriores finales de la Supercopa.

Para añadir algo más de pimienta al choque de trenes que se avecinaba en una cita siempre vibrante, se elegía Ipurua como escenario del encuentro, a tan solo 55 kilómetros de distancia de Donosti, residencia del Bera Bera, lo que aseguraba el apoyo masivo de las vascas que partían con la vitola de favoritas.

Si la gesta no era ya de por si de proporciones bíblicas, las grancanarias perdían por el camino a su jugadora franquicia, Silvia Navarro, que se quedaba en la isla junto a Iraya Machín, al tiempo que la internacional, Sayna Mbengue, se lesionaba la rodilla en el arranque de la segunda mitad, en una mala caída tras materializar un gol para la causa de las teldenses.

Con todo en contra y tras perder  en el arranque de la segunda mitad una diferencia de 5 goles, con el Bera Bera espoleado por su público, cuando todo parecía perdido apareció el arma secreta de las canarias, su corazón, ese corazón que les hace levantarse del suelo tras cada golpe recibido, ese corazón que les hace creer en que no hay nada imposible, ese corazón que contagia a las recién llegadas y las hace desde la humildad del equipo de barrio convertir en realidad los sueños más increíbles y fantásticos.

El primer equipo del Rocasa GC posando a su llegada al aeropuerto GC. Imagen de Rocasa Gran Canaria

El Rocasa volvía a ganar y lo hacía superando la adversidad, con Ana Palomino empujada en la distancia por su compañera Silvia Navarro, convirtiéndose en un muro infranqueable para sus rivales con paradas de otro mundo, con Lisandra Lussón dejándose el alma en cada gol para lograr otra remontada para la historia, con las lágrimas de Sayna Mbengue consolada por sus compañeras ante la impotencia de ver como su rodilla decía basta y no le permitía volver a saltar a la cancha, o con María González tirando de casta para aportar su espíritu de capitana en la pista a pesar de no haber tenido más de dos entrenamientos antes de la cita del sábado.

Rocasa ganaba y lo hacía en contra de la lógica y de la razón, una lógica y una razón que dejan de tener sentido ante el coraje y el corazón de unas jugadoras irrepetibles que intentarán el próximo sábado aumentar su leyenda clasificándose para la fase de grupos de la Champions y que nadie lo dude, porque el corazón de estas guerreras puede con todo.

#VamosRocasa

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