Cómo Michael Schumacher y Ferrari recuperaron la gloria (Parte II)

Trayectoria de Michael hasta lograr el ansiado tercer título y la vuelta de los de Maranello a la victoria

Mundo Deportivo
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En la primera parte de este articulo, comentamos cómo Michael Schumacher se tuvo que conformar con meritorias, pero agridulces segundas posiciones durante sus primeros años como piloto de Ferrari. El año 1999 iba a ser el enésimo intento hacia el tricampeonato.

Al igual que en la temporada anterior, McLaren demostró su excelencia técnica durante la primera cita en Australia. Sin embargo, dicha superioridad se vio resquebrajada durante la carrera. Tanto Coulthard como Hakkinen abandonaron, poniendo en bandeja la victoria a Eddie Irvine. Pero Michael no aprovechó la oportunidad y los sucesivos problemas cosechados le dejaron en la octava plaza y sin puntos.

Tocaba recuperar el terreno perdido sabiendo que Ferrari había mejorado sus prestaciones. Quedó segundo en Brasil, tercero en España y venció en San Marino y Mónaco. Hakkinen devolvió el órdago venciendo en Interlagos, Montmeló y Canadá, prueba en la que el alemán comprobó la dureza del famoso Muro de los Campeones.

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Las espaldas estaban en lo alto y Silverstone era un punto clave de la temporada. Quién venciera en la cita británica, tendría un parón veraniego relativamente plácido como líder del Mundial. La prueba tuvo un inicio complicado y tuvo que relanzarse la salida.

El ímpetu del líder de Ferrari por comandar la prueba impulsó un error en el sistema de frenado, provocando su consecuente choque contra las protecciones. En palabras del alemán, sintió que su corazón dejaba de latir, presintiendo que el más allá le esperaba. Pero las mejoras de las condiciones de seguridad le permitieron salir airoso.

Se perdió media temporada y volvió para las dos últimas citas de la temporada. Su compañero Eddie Irvine le estaba disputando el título al McLaren de Mika. Michael estaba dispuesto a hacer labor de equipo. A pesar de haber marcado la pole en el trazado malayo de Sepang, cedió la victoria a su compañero.  No obstante, la labor de equipo realizada fue en vano. Hakkinen certificó el bicampeonato en Japón.

Aunque tocó conformarse por enésima vez con la segunda plaza, la escudería había vuelto a pelear hasta el final por el título y para colmo, sin su principal lanza de ataque. La palabra persuasión la tenían marcada a fuego. El ansiado objetivo estaba cada vez más cerca y había que prepararse para ello.

El staff empleó más alma, corazón y vida en el F2000. Además, Rubens Barrichello se incorporó al equipo, pero su tarea era hacer labor de equipo para su compañero mientras engrosaba su palmarés como piloto. Sus podios eran acompañados con tres victorias consecutivas del teutón en las tres primeras carreras de la temporada.

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Las roturas del bicampeón junto a la regularidad mantenida por el 3 de Ferrari en forma de un tercer puesto en Silverstone y dos victorias en Europa y Canadá dejaban el título en bandeja. El tricampeonato era cuestión de tiempo, concretamente hasta que las Matemáticas encajasen.

Hasta que no se diera tal situación, Hakkinen apretó los dientes y los pinchazos comenzaron a aparecer en el garaje rojo. Cuatro podios durante el verano dejaban la lucha al rojo vivo. El Gran Premio de Bélgica marcaría un antes y un después. Ambos pugnaban arduamente por la victoria y una genialidad iba a decidir la victoria. La jugada maestra la ejecutó Mika Hakkinen realizando un adelantamiento de época en la que el doblado Ricardo Zonta fue un testigo de lujo.

Sin duda, aquella maniobra supuso un golpe psicológico para “Schumi”. No podía fallar en Monza. Las Matemáticas habían jugado en su contra y para colmo, la arrancada dejó un accidente trágico que acababa con la vida de un comisario. Pero su monoplaza y su estado de forma se aliaron con la serenidad que tanto le caracteriza para llevarse la victoria.

Se levantó del golpe psicológico que supuso perder la primera plaza en Bélgica tras haberla tocado con la yema de los dedos. Pero a él no lloró en la rueda de prensa por el paso adelante que dio en el Campeonato, si no porque había superado las victorias a Ayrton Senna. Fue uno de sus primeros rivales en la Fórmula 1 y le vio morir ante sus ojos.

Aquellas lágrimas se transformaron en gasolina durante el último tercio, encadenando tres victorias consecutivas en Estados Unidos, Japón y Malasia. Fue precisamente el suelo nipón quién fue testigo de la vuelta de dos instituciones a la senda del triunfo.

A partir de ese momento, Hakkinen dejó de ser un duro opositor y el monólogo de Michael comenzó a ponerse de manifiesto durante las primeras temporadas del siglo XXI. Tuvo que venir la generación del videojuego para desbancar a un piloto que necesitó perder para después ganar.

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